Mt 21, 33-43.45-46: Parábola de los viñadores homicidas

Texto Bíblico

33 Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. 34 Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. 35 Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. 36 Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. 37 Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. 38 Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. 39 Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. 40 Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». 41 Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». 42 Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? 43 Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. 45 Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír sus parábolas, comprendieron que hablaba de ellos. 46 Y, aunque intentaban echarle mano, temieron a la gente, que lo tenía por profeta.

Sagrada Biblia, Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española (2012)



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Cirilo de Alejandría

Sobre el libro del profeta Isaías: Sobre el juicio pronunciado por el Padre

«Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos» (Mt 21, 43)
Lib 4, Sermón 4: PG 70, 1042-1043

PG

Laborioso era para el Verbo el asumir nuestra condición humana y descender hasta nuestra pequeñez. Pero —se dijo— mi derecho lo lleva el Señor y mi salario lo tiene mi Dios. Conoce el Padre las fatigas que he pasado por salvarlos. Por tanto, también él ha pronunciado ya su juicio.

¿Quieres conocer el juicio del Padre y cuál es la sentencia dictada contra ellos? Escucha lo que el Salvador dice a los responsables judíos: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Y añade poco después: envió sus criados para percibir los frutos que le correspondían, y todos fueron maltratados. Cuando finalmente envió también a su propio hijo, conspiraron contra él y se dijeron: Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y, efectivamente, lo mataron.

Después de haberles propuesto esta parábola, el Señor toma nuevamente la palabra y les pregunta: Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos». A lo que Cristo replicó: Por eso os digo: Se os quitará a vosotros el reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. Lo que, finalmente, sucedió.

En efecto, fueron colocados al cuidado de las viñas otros viñadores, expertos labradores, esto es, los discípulos del Señor. Bajo su custodia, las nubes hicieron caer la lluvia, pero con la orden expresa de no regar en adelante la viña de los judíos. Gracias a ellos, Cristo pudo vendimiar no espinas, sino uvas. Y efectivamente hemos aprendido a decir: El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.

Alguien podría también sugerir esta otra explicación: que el Padre tenía muy presentes los trabajos del Hijo y que por eso pronunció un juicio justo. Observa nuevamente conmigo la fuerza de las palabras y considera la economía divina, que el sapientísimo Pablo nos explica a su vez, diciendo: Siendo el Hijo por su condición divina igual al Padre, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, haciéndose obediente al Padre hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por cuya causa Dios lo levantó sobre todo y le concedió el nombre-sobre-todo-nombre, de modo que a su nombre toda rodilla se doble. Porque el Verbo era y es Dios; pero después de ser proclamado hombre y serlo verdaderamente, ascendió a su gloria con su propio cuerpo. Fue efectivamente reconocido como Dios, y no se fatigó en vano, pues esta economía de salvación redundó en gloria suya, ya que no hizo de él un ser insólito y extraño, sino que le señaló como salvador y redentor del mundo. Conocido lo cual ocurrió que el cielo, la tierra e incluso el abismo cayeran de rodillas ante él.

Máximo de Turín

Sermón: Espinas del corazón

«Había un padre de familia que plantó una viña» (Mt 21, 33)
para la fiesta de San Cipriano


La viña del Señor, dice el profeta, es la casa de Israel. (Is 5,7) Ahora bien, esta casa somos nosotros...y pues somos Israel, somos también la viña del Señor. Vigilemos, pues, que no nazca de nuestros sarmientos, en lugar de la uva dulce, el fruto de la cólera. (Ap 14,19), para que no diga: «Esperaba uvas y dio agraces» (cf Is 5,7) ¡Qué tierra tan ingrata! La que tenía que dar a su amo frutos de dulzura, lo atravesó con espinas agudas. Así, sus enemigos, los que tenían que haber acogido a su Salvador con toda la devoción de su fe, lo coronaron con espinas en la pasión. Para ellos, esta corona significaba ultraje e injuria, pero, a los ojos del Señor, era la corona de las virtudes...

Prestad atención, hermanos, que no se diga a vuestro propósito: «Esperaba buenos frutos y dieron agraces». Estemos atentos a que nuestras malas acciones no hieran la cabeza del Salvador como espinas crueles. Hay espinas del corazón que han herido hasta la misma palabra de Dios, como lo dice el Señor en el evangelio cuando narra que el grano del sembrador cayó entre espinos, éstos crecieron y ahogaron la semilla. (cf Mt 13,7)... Vigilad, pues, que vuestra viña no produzca espinos en lugar de racimos, que vuestra vendimia no dé vinagre en lugar de vino. Cualquiera que haga la vendimia sin distribuir a los pobres sus bienes, recoge vinagre en lugar de vino. Y aquel que mete su cosecha en los graneros sin dar alimento a los indigentes, no recoge el fruto de la limosna sino el rastrojo de la avaricia.

Gregorio de Nisa

Sobre el Cantar de los Cantares: Dar fruto en Aquel que lo ha dado en la plenitud de los tiempos

«Envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían» (Mt 21,34)
3 sobre el Cantar de los Cantares


«Mi amado es un racimo de uvas de Chipre, en la viña de En-Gaddi» ... Este racimo divino se cubre de flores antes de su Pasión y derrama su vino en la Pasión... Sobre la vid, el racimo no presenta siempre la misma forma, cambia según el tiempo: florece, aumenta de volumen, crece, y cuando está completamente maduro, se transforma en vino. La vid promete por su fruto: no está todavía madura para poder dar vino, pero espera que llegue el tiempo de su plenitud. Sin embargo, no es del todo incapaz de alegrarnos. En efecto, antes del gusto, nos goza con su aroma esperando los bienes que dará, y seduce el sentido del alma con los perfumes de la esperanza. Porque la firme certeza de la gracia esperada es ya gozo para los que esperan con constancia. Es asimismo para la uva de Chipre, pues promete dar buen vino ya antes de serlo: a través de su flor –su flor es la esperanza- nos asegura la gracia futura...

Aquel cuya voluntad coincide con la del Señor, porque «la medita día y noche», llega a ser «un árbol plantado junto a la corriente que da fruto en su sazón y su hoja no se marchita» (Sal 1, 1-3). Por eso la viña del Esposo que ha dado su fruto en la tierra fértil de Gaddi, es decir, en el fondo del alma, que es regada y enriquecida por las enseñanzas divinas, produce este racimo florido y desarrollado en el cual puede contemplar a su propio jardinero y a su viñador. ¡Dichosa esa tierra cultivada cuya flor reproduce la belleza del Esposo! Puesto que éste es la luz verdadera, el verdadero camino y la verdadera justicia... y muchas otras virtudes, si alguien, por sus obras, llega a ser semejante al Esposo cuando mira al racimo de su propia conciencia y ve en ella al mismo Esposo, porque refleja la luz de la verdad en una vida luminosa y sin mancha. Por eso esta viña fecunda dice: «Mi racimo florece y brota» (cf Ct 7,13). El mismo Esposo en persona es este verdadero racimo que se presenta atado al madero, del que la sangre sale como verdadera bebida de salvación para los que se gozan en su salvación.

Buenaventura

La Viña Mística: Cavando, pusieron al descubierto el interior de su corazón

«Lo cogieron, lo echaron fuera de la vid y lo mataron» (Mt 21, 39)
Capítulo 3, nn. 5-10


"Yo soy la vid verdadera" dice a Jesús (Jn 15,1)... Cavamos zanjas alrededor de esta vid, es decir cavamos trampas con astucia. Cuando se conspira para hacer caer a alguien en una trampa, es como si caváramos un hoyo delante de él. Por eso se lamenta diciendo: "Cavaron una fosa delante mío" (Sal. 56,7)... Veamos un ejemplo de estas trampas: "Trajeron a una mujer adúltera "ante el Señor Jesús" diciendo: 'Moisés nos ordenó lapidar a estas mujeres. ¿Y tú, qué dices?'" (Jn 8,3s)... Y otro: "¿Está permitido, sí o no, pagarle el impuesto al emperador?" (Mt 22,17)...

Pero descubrieron que estas trampas no perjudicaban la vid; al contrario, cavando estas fosas, ellos mismos cayeron dentro de ellas (Sal. 56,7)... Y siguieron cavando: no sólo las manos y los pies (Sal. 21,17), sino que perforaron su costado con una lanza (Jn 19,34) y pusieron al descubierto el interior de este corazón santo, que había sido herido por la lanza del amor. En el cántico de su amor, el Esposo dijo: "Heriste mi corazón, mi hermana, mi esposa" (Cant 4,9 tipos de Vulg). Señor Jesús, tu corazón ha quedado herido por amor a tu esposa, tu amiga, tu hermana. ¿Era necesario que tus enemigos lo hirieran más? ¿Qué hacéis, enemigos? ¿No sabíais que este corazón del Señor Jesús, golpeado, ya estaba muerto, desgarrado, y no podía padecer más por otro sufrimiento? El corazón del Esposo, del Señor Jesús, ya había recibido la herida del amor, la muerte del amor. ¿Qué otra muerte podría alcanzarlo?... Los mártires también se ríen cuando se les amenaza, se regocijan cuando se les golpea, triunfan cuando se les mata. ¿Por qué? Porque ya murieron por amor en su corazón, "muertos al pecado" (Rm 6,2) y en el mundo...

El corazón de Jesús fue herido y murió por nosotros; la muerte física triunfó un instante, pero fue vencida para siempre. Ha sido aniquilada cuando Cristo resucitó de entre los muertos, porque "sobre Él la muerte no tiene ningún poder" (Rm 6,9).

Basilio Magno

Homilía: La viña es el alma humana

«Un propietario que plantó una viña» (Mt 21, 33)
5 sobre el Hexaemeron, 6


El Señor no cesa de comparar las almas humanas a las viñas: «Mi amigo tenía una viña en un fértil collado» (Is 5,1); «Planté una viña y la rodeé de una cerca» (Mt 21,33). Evidentemente que Jesús llama su viña a las almas humanas, que las ha cercado, como con una clausura, con la seguridad que dan sus mandamientos y la guarda que les proporcionan sus ángeles, porque «el ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege» (Sal 33,8). Seguidamente plantó alrededor nuestro como una empalizada poniendo en la Iglesia «en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros» (1Co 12,28). Además, por los ejemplos de los santos hombres de otros tiempos, hace elevar nuestro pensamiento sin dejar que caiga en tierra donde serían pisados. Quiere que los ardores de la caridad, como los zarcillos de una vid, nos aten a nuestro prójimo y nos hagan descansar en él. Así, manteniendo constantemente nuestra deseo hacia el cielo, nos levantaremos como vides que trepan hasta las más altas cimas.

Nos pide también que consintamos en ser escardados. Ahora bien, un alma está escardada cuando aleja de ella las preocupaciones del mundo que no son más que una carga para nuestros corazones. Así, el que aleja de sí mismo el amor carnal y esta atado a las riquezas o que tiene por detestable y menospreciable la pasión por esta miserable y falsa gloria ha sido, por decirlo así, escardado, y respira de nuevo, desembarazado ya de la carga inútil de las preocupaciones de este mundo.

Pero, para mantenernos en la misma línea de la parábola, es preciso que no produzcamos únicamente madera, es decir, que vivamos con ostentación, ni que busquemos ansiosamente la alabanza de los de fuera. Es necesario que demos fruto reservando nuestras obras para ser mostradas tan sólo al verdadero propietario de la viña.

Ambrosio de Milán

Sobre el evangelio de Lucas: La viña es el pueblo de Dios

«Había un propietario que plantó una viña» (Mt 21,33)
9, 29-30


La viña es la figura del pueblo de Dios, porque, injertado sobre la vid eterna se levanta por encima de toda la tierra. Brote de un suelo ingrato, brota y florece, se reviste de verdor, pareciéndose al yugo de la cruz cuando sus pámpanos se extienden como brazos fecundos de una viña hermosa... Con razón se llama al pueblo de Cristo la viña del Señor, sea porque está marcado con el signo de la cruz (Ez 9,4), sea porque se recoge de él los frutos en la última estación del año, sea porque como los renglones de la viña, pobres y ricos, humildes y poderosos, siervos y amos, todos en la Iglesia tienen una igualdad perfecta...

Cuando se ata la viña, ella se reconduce; cuando se la poda, no es para dañarla sino para hacerla crecer. Lo mismo pasa con el pueblo santo; atándolo se hace libre; humillado se vuelve a levantar; recortado recibe una corona. Mejor aún: igual que el brote, cogido de un árbol viejo, es injertado sobre otra raíz, asimismo el pueblo santo... alimentado en el árbol de la cruz... se desarrolla. Y el Espíritu Santo, esparcido en los surcos de una viña, se derrama en nuestro cuerpo, lavando todo lo impuro y levantando nuestros miembros para dirigirlos hacia el cielo.

Esta viña es expurgada por el viñador, es ligada, podada (Jn 15,2)... A veces quema con el sol los secretos de nuestro cuerpo, a veces nos riega con su lluvia. El viñador quiere expurgar la viña para que las zarzas no perjudiquen a los brotes tiernos, vela para que las hojas no hagan demasiada sombra... no priva nuestras virtudes de luz, y no impide la maduración de nuestros frutos.

Francisco de Sales

Carta: Viña, cisterna, flor, lagar y cerca

«Plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre» (Mt 21,33)
a la Baronesa de Chantal, el 24-2-1606. XIII, 145


«Dijo Jesús: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores.» Mt 21, 33- 43.45-46

Yo les explico a mis oyentes que sus almas son la viña de Dios; la cisterna es la fe; la flor es la esperanza y el lagar, la santísima caridad; la cerca es la ley de Dios, que los separa de los demás pueblos infieles.

A vos, mi querida Hija, os digo que vuestra buena voluntad es vuestra viña; la cisterna son las santas inspiraciones de la perfección que Dios os hace llover del cielo; la torre es la castidad, de la cual se debe decir que ha de ser, como la torre de David, de marfil; el lagar es la obediencia que granjea gran mérito a los actos; la cerca son nuestros votos.

Que Dios conserve esa viña que ha plantado de su propia mano y haga abundar, cada vez más, las aguas saludables de sus gracias en vuestra piscina.

Que Dios sea siempre el protector de su torre; que sea Él quien haga girar el lagar con las vueltas que sean necesarias para exprimir el buen vino; que guarde bien cerrada la cerca con la que tiene rodeada su viña y que los ángeles sean sus inmortales viñadores.

Adiós, mi querida hija... Me voy al lagar de la Iglesia, al santo altar, donde perpetuamente se destila el vino sagrado de la sangre de ese racimo delicioso y único que nuestra santa abeja, como viña celeste, nos ha producido.

Ireneo de Lyon

Contra las herejías: La viña del Señor

«Se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos» (Mt 21,43)
IV 36, 2-3: SC 100


Dios ha plantado la viña del género humano moldeando a Adán (Gn 2,7) y eligiendo a los patriarcas. Luego, entregó la viña a los viñadores dándoles la Ley por Moisés. La ciñó con una valla, es decir, delimitó la tierra que los viñadores tendrían que cultivar. Construyó una torre, es decir, escogió a Jerusalén. Les envió los profetas antes del exilio a Babilonia, después de la deportación envió otros, más numerosos que los primeros para reclamar el fruto y para decirles: «Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones.» (Jer 7,3) «Juzgad con rectitud y justicia; practicad el amor y la misericordia unos con otros. No explotéis a la viuda, al huérfano, al extranjero y al pobre, y no traméis nada malo contra el prójimo...» (Za 7,9-10)... «Lavaos, purificaos, apartad de mi vista vuestras malas acciones... aprended a hacer el bien. Buscad el derecho, proteged al oprimido, socorred al huérfano, defended a la viuda.» (Is 1,16) ...

Por esta predicación los profetas reclamaban los frutos de la justicia. Pero, como esta gente permaneció en la incredulidad, les envió finalmente al Hijo, Nuestro Señor Jesucristo que fue asesinado por lo viñadores malvados. Por esto, Dios confió la viña, -no ya delimitada sino extendiéndola sobre toda la tierra,- a otros viñadores para que le entregaran el fruto a su tiempo... La gloria de la elección se extiende por doquier con su resplandor, porque por todas partes resplandece la Iglesia. Por todas partes está colocado el lagar porque en todas partes viven los que han recibido la unción del Espíritu de Dios...

Por eso el Señor les decía a sus discípulos, para que fueran buenos obreros: "Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones, con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida» (Lc 21,34.36)...; «Tened ceñida vuestra cintura y encendidas vuestras lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a su señor» (Lc 12,35-36).

Juan Pablo II

Mensaje: La Cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo

«Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron» (Mt 21, 39)
XV Jornada Mundial de la Juventud, n. 2, 29-06-1999


En la encarnación Cristo se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza, y nos dio la redención, que es fruto sobre todo de su sangre derramada sobre la cruz (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 517). En el Calvario «Él soportaba nuestros dolores... ha sido herido por nuestras rebeldías...» (Is 53,4-5). El sacrificio supremo de su vida, libremente consumado por nuestra salvación, nos habla del amor infinito que Dios nos tiene. A este propósito escribe el apóstol Juan: « tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Lo envió a compartir en todo, menos en el pecado, nuestra condición humana; lo «entregó» totalmente a los hombres a pesar de su rechazo obstinado y homicida (cfr. Mt 21,33-39), para obtener para ellos, con su muerte, la reconciliación. «El Dios de la creación se revela como Dios de la redención, como Dios que es fiel a sí mismo, fiel a su amor al hombre y al mundo, ya revelado el día de la creación... ¡Qué valor debe tener el hombre a los ojos del Creador, si ha merecido tener tan grande Redentor!» (Redemptor hominis, 9.10).

Jesús salió al encuentro de la muerte, no se retiró ante ninguna de las consecuencias de su «ser con nosotros» como Emmanuel. Se puso en nuestro lugar, rescatándonos sobre la cruz del mal y del pecado (cfr. Evangelium vitæ, 50). Del mismo modo que el centurión romano viendo como Jesús moría comprendió que era el Hijo de Dios (cfr. Mc 15,39), también nosotros, viendo y contemplando el Crucifijo, podemos comprender quién es realmente Dios, que revela en Él la medida de su amor hacia el hombre (cfr. Redemptor hominis, 9). «Pasión» quiere decir amor apasionado, que en el darse no hace cálculos: la pasión de Cristo es el culmen de toda su existencia «dada» a los hermanos para revelar el corazón del Padre. La Cruz, que parece alzarse desde la tierra, en realidad cuelga del cielo, como abrazo divino que estrecha al universo. La Cruz «se manifiesta como centro, sentido y fin de toda la historia y de cada vida humana» (Evangelium vitæ, 50).

«Uno murió por todos» (2 Cor 5,14); Cristo «se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma» (Ef 5,2). Detrás de la muerte de Jesús hay un designio de amor, que la fe de la Iglesia llama «misterio de la redención»: toda la humanidad está redimida, es decir liberada de la esclavitud del pecado e introducida en el reino de Dios. Cristo es Señor del cielo y de la tierra. Quien escucha su palabra y cree en el Padre, que lo envió al mundo, tiene la vida eterna (cfr. Jn 5,24). Él es «el cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29.36), el sumo Sacerdote que, probado en todo como nosotros, puede compadecer nuestras debilidades (cfr. Heb 4,14ss) y, «hecho perfecto» a través de la experiencia dolorosa de la cruz, es «causa de salvación eterna para todos los que le obedecen» (Heb 5,9).

Audiencia General: Contenido central de la Buena Nueva

«Finalmente les envió a su Hijo» (Mt 21, 37)
24-06-1987, nn. 5.8


La parábola del hijo mandado a los viñadores aparece en todos los sinópticos (cf. Mc 12, 1-12; Mt 21, 33-46; Lc 20, 9-19). En ella se manifiesta con toda evidencia la verdad sobre Cristo como Hijo mandado por el Padre. Es más, se subraya con toda claridad el carácter sacrificial y redentor de este envío. El Hijo es verdaderamente «...Aquél a quien el Padre santificó y envió al mundo» (Jn 10, 36). Así, pues, Dios no sólo «nos ha hablado por medio del Hijo... en los últimos tiempos» (Cfr. Heb 1, 1-2), sino que a este Hijo lo ha entregado por nosotros, en un acto inconcebible de amor, mandándolo al mundo.

La verdad sobre Jesucristo como Hijo enviado por el Padre para la redención del mundo, para la salvación y la liberación del hombre prisionero del pecado (y por consiguiente de las potencias de las tinieblas), constituye el contenido central de la Buena Nueva. Cristo Jesús es el «Hijo unigénito» (Jn 1, 18), que, para llevar a cabo su misión mesiánica «no reputó como botín (codiciable) el ser igual a Dios, antes se anonadó tomando la forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres... haciéndose obediente hasta la muerte» (Flp 2, 6-8). Y en esta situación de hombre, de siervo del Señor, libremente aceptada, proclamaba: «El Padre es mayor que yo» (Jn 14, 28), y: «Yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8, 29).

Pero precisamente esta obediencia hacia el Padre, libremente aceptada, esta sumisión al Padre, en antítesis con la «desobediencia» del primer Adán, continúa siendo la expresión de la unión más profunda entre el Padre y el Hijo, reflejo de la unidad trinitaria: «Conviene que el mundo conozca que yo amo al Padre y que según el mandato que me dio el Padre, así hago» (Jn 14, 31). Más todavía, esta unión de voluntades en función de la salvación del hombre, revela definitivamente la verdad sobre Dios, en su Esencia íntima: el Amor; y al mismo tiempo revela la fuente originaria de la salvación del mundo y del hombre: la «Vida que es la luz de los hombres» (cf. Jn 1, 4).


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Uso Litúrgico de este texto (Homilías)

Tiempo de Cuaresma: Viernes II



Catena Aurea: comentarios de los Padres de la Iglesia por versículos

San Juan Crisóstomo, homiliae in Matthaeum, hom. 68,1-2

33a. Después de la primera parábola puso otra, para darles a conocer que su acusación es muy grave y no merece perdón. Por esto dice: “Escuchad otra parábola: Había un padre de familia”, etc.

33b. Se marchó lejos porque tuvo longanimidad, no queriendo castigar siempre los pecados de los malos.

34. Llama siervos a los profetas que ofrecen los frutos del pueblo, y como sacerdotes del Señor, hacen ostentación de su obediencia por medio de las obras. Estos, por lo tanto, no sólo fueron malos por no dar fruto, sino que indignándose contra aquéllos que vinieron a pedirlo, manchan sus manos con la sangre de éstos. Por esto sigue: “Mas los labradores echando mano de los siervos”, etc.

37a. ¿Y por qué no lo envió primero? Para poderlos acusar por lo que habían hecho con otros, y para que abandonando su rabia, respetasen al propio hijo que venía. Por esto sigue: “Tendrán respeto a mi hijo”.

Dice también esto, anunciando lo que debía suceder. Porque convenía que ellos se avergonzasen. Por esto quiere dar a entender que es grande el pecado de aquéllos, y que carece de toda excusa.

41. En esto no hay contradicción alguna (versión de Marcos), porque sucedió lo uno y lo otro, esto es, primero respondieron ellos y el Señor reiteró la contestación.

El Señor por lo tanto les propuso esta parábola, para que ellos, sin saberlo, se sentenciaran a sí mismos, como sucedió a David, respecto de Natán. Comprendían además que lo que se había dicho se decía contra ellos, y por esto contestaron: “De ninguna manera”.

Llama a Jesucristo la piedra, los doctores de los judíos son los edificadores, que reprobaron a Jesucristo diciendo: “Este no procede de Dios” (Jn 9,16).

42. Después añadió, para que sepan que nada de lo que hacían los judíos podía contrariar a Dios: “Por el Señor fue esto hecho”.

44. Aquí da a conocer las dos clases de perdición: una que procede de cuando se ofende a Dios y se escandaliza a los demás, a la cual se refiere cuando dice: “El que cayere sobre esta piedra será quebrantado”. Y la otra se refiere a la cautividad que habrá de sobrevenirle, como indica cuando dice: “Y sobre quien ella cayere”, etc.

Orígenes, homilia 19 in Matthaeum

33a. El padre de familia es Dios, que es llamado hombre en algunas parábolas, a la manera de un padre que habla con su pequeño hijo infantilmente, en sentido que le pueda entender y le instruye.

Puede decirse que el vallado es la defensa del mismo Dios, y el lagar es el sitio de las libaciones. Acerca de lo cual prosigue: “Y cavando hizo en ella un lagar”.

33b. Como el Señor había estado con los israelitas en la nube durante el día y en la columna de fuego durante la noche (Ex 13), en adelante ya no se les apareció en esta forma. El pueblo judío se llama, pues, viña, según Isaías. La amenaza del padre de familia se hace en contra de esta viña, y en el Evangelio no se inculpa a esta viña, sino a sus habitantes. Pero en el Evangelio se entiende por viña el reino de Dios, esto es, la doctrina que se encuentra en las Sagradas Escrituras. Y es el fruto de esa viña la vida irreprensible de los hombres. Según las Sagradas Escrituras la cerca fue puesta a la viña para que los frutos que ella tiene escondidos no sean vistos por los que están fuera. La profundidad de la palabra divina es el lagar de la viña, en el cual los que aprendieron la palabra de Dios derraman su saber como frutos. Y la torre edificada es la palabra que procede del mismo Dios y de las misericordias de Jesucristo. Entregó esta viña a sus campesinos -esto es, a los que vivieron antes que nosotros-, tanto sacerdotes como seglares. Y se marchó lejos a su estancia para dar a los campesinos ocasión de trabajar. Se acerca, pues, el tiempo de los frutos. Según sucede en cada una y generalmente en todas las creaturas, el primer tiempo de la vida se parece a la infancia, y entonces nada produce, únicamente tiene en sí mucha fuerza y vigor. Cuando empieza a poder hablar, es el tiempo de la generación. Todo lo que progresa el alma de un niño, progresa también la viña -esto es, la palabra de Dios-, y después que ha crecido, la viña produce el maduro fruto de la caridad, de la alegría, de la paz y de otras cosas por el estilo.
Y para el pueblo, que recibió la Ley por medio de Moisés, se acerca el tiempo de que alguna vez dé frutos.

37b. Y aquello que dice: “Respetarán a mi hijo” parece que se cumple respecto de aquellos judíos que, conociendo a Jesucristo, creyeron en El. Pero está aquello otro que dice: “Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: éste es el heredero, venid, matémosle”. En estas palabras se cumplió aquello de que, habiendo visto a Jesucristo y conociendo que era Hijo de Dios, sin embargo, lo crucificaron.

39. Y cuando dice: “Le sacaron fuera de la viña”, me parece que lo consideraron como extraño de la viña y de los colonos.

41. Como Caifás, así éstos no vaticinaron por sí mismos contra sí, puesto que se les había de privar de la divina gracia que había de pasar a los gentiles los cuales habían de dar fruto a su tiempo; y el Señor, a quien mataron, vino en seguida resucitado de entre los muertos y perdió a los malos colonos de mala manera. Entregó entonces su viña a otros colonos (esto es, a los apóstoles), o sea a aquéllos que creyeron, procedentes del pueblo judío.

42. ”Fue el Señor quien hizo esto…” Esto es, esta piedra es un don regalado por Dios al edificio del universo, y es la cabeza admirable que se presenta a nuestra vista para que podamos verla con la luz de nuestra inteligencia.

43. Llama reino de Dios a los misterios del reino de Dios, es decir, a las divinas Escrituras que el Señor ha dictado. En primer lugar, a aquel pueblo primitivo a quien fueron confiados los primeros misterios; en segundo lugar, a los gentiles que producían frutos. A nadie se concede la palabra de Dios, sino al que da de ella frutos. Y a ninguno se concede tampoco el reino de Dios si el pecado reina en él. Por lo tanto, ¿cómo les fue dado a aquéllos a quienes se le volvió a quitar? Pero observa que lo que se da, se da gratuitamente. Y aquéllos a quienes concedió esta gracia, no se la concedió en absoluto, como a sus escogidos y a sus fieles, a quienes la dio por juicio de elección.

46. Conocen algo de lo que es verdad cuando lo consideran como a un profeta, pero no conocen toda su grandeza, según la cual era hijo de Dios. Los príncipes temen a las turbas que conociéndolo así estaban dispuestas a defenderlo, porque no pueden ponerse a la altura de sus conocimientos, no creyendo nada digno respecto de El. Por lo tanto, debe tenerse en cuenta que habían diversas opiniones entre los que querían prender a Jesús. Los príncipes y los fariseos deseaban detenerlo, pero de un modo distinto al que deseaba tenerle la esposa del Cantar de los Cantares, cuando dice: “Lo he sujetado y no lo dejaré hasta que lo lleve a mi tienda” (Cant 3,4), o como dice en otro lugar: “Subiré a la palma, y tendrá su altura”(Cant 7,8). Pero los que no conocen perfectamente a la divinidad quieren cogerle para maltratarle. Además, no se deben comprender ni admitir palabras contrarias a las de Jesucristo. Ninguno puede por lo tanto comprender el Verbo de la verdad -esto es, entenderlo- ni separar del sentido de los que creen, ni mortificarlo -esto es, destruirlo-.

Pseudo-Crisóstomo, opus imperfectum in Matthaeum, hom. 40

33a. Se llama hombre por el nombre y no por la naturaleza, por semejanza y no en verdad. Sabiendo el Hijo que por llamarse con nombre humano había de ser blasfemado como un mero hombre, por esto llamó a Dios Padre hombre invisible, porque siendo Señor de los ángeles y los hombres por naturaleza, tiene la benevolencia de Padre.

Puede entenderse por el vallado la defensa de los Santos Padres, que se levantaron como muralla en el pueblo de Dios.

El lagar es también la palabra de Dios que corrige al hombre contradiciendo la naturaleza de la carne.

33b. ”La arrendó a unos labradores y se ausentó…”Esto es, cuando fueron instituidos los sacerdotes y los levitas por medio de la ley, y tomaron a su cargo el gobierno del pueblo. Así como el colono, aun cuando cumpla con su deber no agradará a su amo si no le entrega las rentas de la viña, así el sacerdote no agrada tanto al Señor por su santidad, como enseñando al pueblo de Dios la práctica de la virtud. Porque su santidad es única, y la del pueblo es muy variada.

35-36. La misericordia del Señor aumentaba conforme crecía la malicia de los judíos. Y a medida que se aumentaba la misericordia del Señor crecía la malicia de los judíos. Y así peleaba la malicia humana contra la clemencia divina. Por esto sigue: “De nuevo envió otros siervos”, etc.

37a. Envió a éste no para traer la sentencia del castigo a los que obraban mal, sino para ofrecerles el perdón por medio de la penitencia. Es decir, lo envió para humillarlos, y no para castigarlos.

37b. Dicen también algunos que, después de la encarnación, Cristo fue llamado el Hijo de Dios, por medio del bautismo, como sucede a los demás cristianos, a quienes desde este día muestra el Señor diciendo: “Enviaré a mi hijo”. Cuando aun pensaba mandar a su Hijo después de los profetas, ya existía su Hijo. Por lo tanto, si se llama hijo de este modo, como todos los santos a quienes alcanza la palabra de Dios, debió también llamar a los profetas hijos como a Jesucristo, o decir que Jesucristo era siervo como los demás profetas.

38. Sin embargo, después que entró en el templo y arrojó fuera a los que vendían animales destinados a los sacrificios, entonces fue cuando pensaron matarle de una manera resuelta. Por esto dicen: “Venid y matémosle”. Entonces decían entre sí: El pueblo dejará la costumbre de ofrecer sacrificios por la predicación de éste, y sus sacrificios constituyen nuestras ganancias. Y se dedicará a ofrecer el sacrificio de la santidad, que afecta a la gloria de Dios; y en este caso, este pueblo ya no será nuestro, sino de Dios. Pero si lo matamos, como no habrá quien exija al pueblo el fruto de la santidad, durará para siempre la costumbre de ofrecer sacrificios, el pueblo será nuestra dotación constante. A esto se refiere lo que sigue: “Y tendremos su herencia”. Este es el pensamiento general de todos los sacerdotes materiales que no se cuidan de cómo podrá vivir el pueblo sin pecar, sino que se fijan sólo en lo que se ofrece en la Iglesia, considerando a esto como ganancia de su sacerdocio.

41. ”A esos miserables les dará una muerte miserable…” Como respondieron la verdad, no puede decirse que juzgaron con justicia, sino que la verdad les obligó.

Además San Lucas refirió según lo que estos habían contestado. Y San Mateo, según la contestación de su conciencia, porque en realidad se contradijeron, diciendo: “De ninguna manera”, pero en su conciencia decían: “A los malos debe perderlos malamente”; así como cuando un hombre es cogido en una acción mala y se excusa con palabras, pero interiormente reconoce su delito.

42. Después, como veía que no se convencían, les citó un testimonio de la Sagrada Escritura. Prosigue: “Les dijo Jesús: ¿nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban?”, etc. Esto es, si no comprendéis mi parábola, al menos conoceréis este testimonio de la Sagrada Escritura.

43. Como diciendo: ¿por qué no queréis entender que la piedra, una vez desechada por vosotros, se ha de poner en el ángulo de algún edificio que no será el vuestro sino otro? Si ha de levantarse otro edificio, debe abandonarse vuestra construcción. Por esto añade: “Por tanto, os digo, que quitado os será el reino de Dios”, etc.

44. Jesucristo es llamado piedra, no sólo por su firmeza, sino también porque es grande en la destrucción de sus enemigos, por esto sigue: “Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado”, etc.

Una cosa es ser quebrantado, y otra ser destrozado. De lo que se rompe queda algo, pero lo que se desmenuza queda reducido a polvo. Lo que da contra la piedra no se quebranta por la dureza de la piedra, sino por la fuerza con que choca; también según su peso, o la altura de donde cae. Esto sucede al cristiano que peca, que no sufre únicamente lo que Jesucristo puede hacerle perecer, sino que él se pierde por sus propias acciones, ya según la gravedad de su pecado o ya por la elevación de su dignidad. Pero los infieles únicamente en cuanto al uso que hacen del conocimiento que tengan de Jesucristo.

46. Hay una diferencia entre los hombres buenos y los hombres malos. El bueno cuando cae en pecado, llora porque pecó. Pero el malo se enfurece, no porque ha pecado, sino porque ha sido cogido en el pecado. Y el malo no sólo no hace penitencia, sino que antes al contrario, se enfurece más contra quien lo corrige. Por esto los que son reprendidos se vuelven peores. Prosigue: “Y queriéndole echar mano, temieron al pueblo, porque le miraban como a un profeta”.

Pero todo hombre malo prende y mata a Dios (en cuanto le es posible). El que quebranta los mandamientos de Dios, el que murmura contra Dios, el que mira al cielo con rostro airado, ¿no echaría mano de Dios y le mataría si pudiese para poder pecar con libertad?

San Hilario, in Matthaeum, 22

33a. ”Cavó en ella un lagar…” También consideró a los profetas como a ciertos lagares en los que se encuentra de muchas maneras una gran abundancia del fuego del Espíritu Santo.

“Edificó una torre…” En la torre colocó la magnificencia de la Ley que llegaba desde la tierra hasta al cielo y por la que podía verificarse la venida de Jesucristo.
Prosigue: “Y la dio en renta a unos labradores”.

36. Envió a muchos siervos, significando aquello el tiempo en el que después de la predicación individual de los profetas, fueron enviados simultáneamente gran cantidad de vaticinadores.

37a. La venida de Nuestro Señor Jesucristo está representada por el hijo enviado. Por esto sigue: “Por último, les envió su hijo”.

39. “Y agarrándole de él lo echaron fuera de la viña y le mataron”. Jesucristo fue llevado fuera de Jerusalén, como fuera de su viña, a sufrir la sentencia de su condenación.

42. Fue hecho cabeza del ángulo, porque hay cierta unión entre los lados de la ley y de los gentiles.

Rábano

Resumen. En sentido moral, a cada uno se le entrega su viña para que la cultive cuando se le administra el sacramento del bautismo, para que trabaje por medio de él. Es enviado un siervo, otro, y un tercero; cuando la ley, el salmo y la profecía dicen, en virtud de cuyas enseñanzas debe obrarse bien. Pero el enviado es muerto y arrojado fuera, se desprecia su predicación o lo que es peor, se blasfema de él. Mata al heredero en cuanto a sí, todo aquel que ultraje al Hijo de Dios y ofenda al Espíritu de su gracia. Una vez perdido el mal cultivador, la viña fue entregada a otro, como sucede con el don de la gracia, que el soberbio menosprecia, y el humilde recoge.

34. “Y cuando se acercó el tiempo de los frutos…” Dijo muy oportunamente el tiempo de los frutos y no de los productos, porque el fruto del pueblo rebelde es nulo.

35-36. Los primeros siervos enviados fueron Moisés, el primer legislador, y Aarón, el primer sacerdote de Dios, los cuales fueron muertos por el látigo de la lengua y los despacharon sin nada. Por lo tanto, comprendamos que los otros siervos fueron la multitud de profetas.

38. Los judíos trataban de apoderarse de su herencia, extinguiendo la fe que de Dios procede y esforzándose en inculcar al pueblo que prefiriera la de ellos que procede de la Ley.

42. Pero aun cuando ellos no querían, consolidó la piedra el cimiento del ángulo, porque unió por medio de su fe a todos los que quiso, procedentes de uno y otro pueblo. Por esto sigue: “Esta fue puesta para cabeza de esquina”.

46. Sin embargo, temen poner su mano sobre Jesús por las turbas que todos los días se levantan en su Iglesia, puesto que cada hermano, de sólo nombre, se avergüenza o tiene miedo de contrariar la fe y la unidad de la paz (que no ama), por los que son buenos y viven con El.

San Agustín, de consensu evangelistarum, 2, 70 y 1, 30

41. San Marcos no dice que respondieran esto, sino que el Señor lo dijo cuando siguió hablando. Después de su pregunta, de alguna manera se respondió a sí mismo. Pero puede entenderse fácilmente que, o la voz de aquellos estaba tan confundida que no podían responder, o ellos respondieron sin comprender. Mas aún esta respuesta debe atribuirse al Señor, porque como dijeron la verdad, también respondería por ellos el que es la verdad misma.

Lo que más llama la atención en San Lucas es que no sólo dice que ellos no respondieron esto, sino que también dieron una contestación contraria. Lo refiere así: “Habiendo oído esto -a saber, una sentencia que había salido de la boca del Señor- dijeron: De ningún modo” (Lc 20,16). Resta, por lo tanto, que comprendamos que del pueblo que oía algunos respondieron lo que dice San Mateo, y que los otros contestaron lo que dice San Lucas, esto es: “De ningún modo”. Y no llame la atención lo que diga San Mateo, que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo se acercaron al Salvador, y así, sin mediación de alguna persona une la narración hasta la parte donde se habla de la viña que fue entregada a otros viñadores. También puede creerse que habló todas estas cosas con los príncipes de los sacerdotes. Pero San Mateo calló en obsequio de la brevedad lo que refirió San Lucas, a saber, esta parábola no fue dicha solamente para aquéllos que preguntaron al Salvador, en virtud de qué poder hacía prodigios, sino para la plebe, entre quienes había algunos que dijesen: “Los perderá, y entregará su viña a otros colonos”. Sentencia que con seguridad se entiende que es propia del mismo Dios, ya por la verdad, ya por la unión de los miembros con su cabeza. Había también algunos que contestando a los que respondían decían: “De ninguna manera”, porque comprendían que la parábola era contra ellos.

44. Ahora se refiere a aquéllos que caerán sobre El, que lo desprecian de algún modo o lo injurian. Estos no perecen en absoluto pero quedan mal tratados y ya no marchan por caminos rectos. Cuando cae sobre éstos, vendrá sobre ellos en el día del juicio con la pena de la eterna perdición. Y por esto dijo: “Lo desmenuzará, para que sean como polvo del impío, a quien arrastra el viento por la faz de la tierra” (Sal 1,4).

San Jerónimo

33a. Plantó una viña, de quien dice Isaías: la viña del Señor Sabahot es la casa de Israel (Is 5,7).

Prosigue: “Y la cercó de vallados”. Se refiere, o a la muralla de la ciudad o al auxilio de los ángeles.

”Cavó en ella un lagar…” Esto es, un altar, o aquellos lagares con cuyo título se designan tres Salmos (Sal 8; 80; 83), esto es, los mártires.

”Y edificó una torre…” Esto es, un templo de quien dice por Miqueas: Y torre nebulosa de la hija de Sión (Miq 4,8).

33b. ”Se ausentó…” No por haber variado de lugar -porque Dios no puede decirse que está lejos de ninguna parte, siendo así que todo lo abarca-, pero parece que se separa de su viña para dejar a los viñadores libertad para trabajar.

35. Los arrojaron como a Jeremías (Jer 37), los mataron como a Isaías, los apedrearon como a Nabot (1Re 21) y a Zacarías, a quien mataron entre el templo y el altar (Mt 23).

37b. Cuando dice, quizá respetarán a mi hijo, no lo dice porque ignore. ¿Cómo había de ignorar el padre de familia, que aquí representa a Dios? Pero se dice muchas veces que Dios anda dudoso, para que de este modo pueda conservarse inmune el libre albedrío en el hombre.

Preguntamos a Arrio y a Eunomio: he aquí que se dice, el Padre no sabe; todo lo que dicen respecto del padre, entiéndanlo también respecto del Hijo, que según dice, no sabe cuándo será el día del juicio (Mc 13).

38. Cuando dice: “Este es el heredero”, demuestra el Señor claramente que los príncipes de los judíos no se proponían crucificar al Hijo de Dios por ignorancia sino por envidia. Comprendieron, por lo tanto, que El era aquél a quien el Padre le dice por medio del Profeta: “Pídeme y te daré todas las gentes en herencia” (Sal 2,8). La herencia del Hijo es la santa Iglesia que se formó de todos los gentiles, la que el Padre le dejó, no porque hubiese muerto, sino porque la adquirió de un modo admirable por su propia muerte.

40. “Cuando viniere el Señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?” Les pregunta el Señor no porque no sepa lo que van a contestar, sino para que se condenen por su propia boca. Prosigue: “Ellos dijeron: A los malos destruirá malamente”, etc.

42. Viene a decirse una misma cosa en diferentes parábolas: Los que en una de ellas se llaman operarios y colonos, en otra son llamados edificadores o constructores.

44. El que es pecador y sin embargo cree en El, cae en verdad sobre esta piedra y se quebranta, pero no se destroza por completo, sino que se le espera por medio de la paciencia para obtener su salvación. Y cuando cae sobre alguno (esto es quien de corazón ha negado a Jesucristo), lo quebrantará de tal modo que no quedará de él una sola teja en que pueda beber un poco de agua.

45. Aunque los judíos eran de corazón duro por su incredulidad, comprendían, sin embargo, que todas las sentencias de Jesucristo se dirigían contra ellos. Por esto dice: “Y cuando los príncipes”, etc.

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