Miércoles XX Tiempo Ordinario (Par) – Homilías

Lecturas

Aparte de las homilías, podrá ver comentarios de los padres de la Iglesia desglosados por versículos de aquellos textos que tengan enlaces disponibles.

Ez 34, 1-11: Libraré a mis ovejas de sus fauces, para que no sean su manjar
Sal 22, 1b-3a. 3bc-4. 5. 6: El Señor es mi Pastor, nada me falta
Mt 20, 1-16a: ¿Vas a tener tú envidia porque soy yo bueno?



Homilías, comentarios y meditaciones desde la tradición de la Iglesia

Manuel Garrido Bonaño

Año Litúrgico Patrístico

Semana XIX-XXVI del Tiempo Ordinario. , Vol. 6, Fundación Gratis Date, Pamplona, 2001

Ezequiel 34,1-11: Libraré a mis ovejas de sus fauces. Los habitantes de Judá fueron gobernados por pérfidos monarcas y luego fueron víctimas de los explotadores. El profeta augura el advenimiento de un nuevo Pastor, según el Corazón de Dios. Cristo se llamó a Sí mismo Pastor, pues vino a buscar y a salvar a las ovejas. San Agustín comenta:

«Se acusa a los pastores que se apacientan a sí mismos en vez de a las ovejas, por lo que buscan y lo que descuidan. ¿Qué es lo que buscan? Os coméis su enjundia, os vestís con su lana... Después de haber hablado el Señor de lo que estos pastores aman, habla de lo que desprecian. Son muchos los defectos de las ovejas, y las ovejas sanas y gordas son muy pocas, es decir, las que se hallan robustecidas con el alimento de la verdad, alimentándose de los buenos pastos por gracia de Dios.

«Pues bien, aquellos malos pastores no las apacientan. No les basta con no curar a las débiles y enfermas, con no cuidarse de las errantes y perdidas. Tampoco hacen todo lo posible por acabar con las vigorosas y cebadas... Los pastores pueden gloriarse, pero el que se gloría que se gloríe del Señor. Esto es hacer que Cristo sea el Pastor, esto es apacentar para Cristo, esto es apacentar en Cristo, y no tratar de apacentarse a sí mismo, al margen de Cristo» (Sermón 46, sobre los pastores).

–El Salmo 22 nos ayuda a meditar la lectura anterior : «El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas, me guía por el sendero justo, marcha conmigo, su cayado me sosiega, prepara una mesa ante mí, me unge con perfume, su bondad y su misericordia me acompañan». Cristo es el Buen Pastor, al cual han de imitar todos los pastores en la Iglesia. Cristo no solo dio su vida por las ovejas, sino que se hizo su alimento, su pasto: la Sagrada Eucaristía.

Mateo 20,1,16: ¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno? El salario concedido por Dios es un don gratuito y libre de su misericordia, como lo muestra la parábola del dueño de la viña que buscó operarios para que la cultivasen. El pacto establecido es un signo de la alianza entre Dios y el hombre. Don inmenso de Dios. San Jerónimo escribe:

«Considera al mismo tiempo que no advierten que la injusticia de la cual acusan unánimemente al padre de familia con respecto a los obreros de la hora undécima, se da también respecto a ellos mismos. Si el padre de familia es injusto, no lo es con respecto de uno solo sino de todos, porque el obrero de la tercera hora no trabajó lo mismo que el que fue enviado a la viña a la primera hora; del mismo modo, el obrero de la hora sexta trabajó menos que el de la tercera y el de la hora novena menos que el de la hora sexta.

«Así todos los que fueron llamados antes envidian a los gentiles y se retuercen por la gracia del Evangelio. Por eso el Salvador concluye la parábola diciendo: Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros, porque los judíos, de cabeza que eran, se convirtieron en cola y nosotros pasamos de ser cola a ser cabeza» (Comentario al Evangelio de Mateo, 20,12).


Textos Litúrgicos

Antífona de entrada
Fíjate, oh Dios en nuestro Escudo;
mira el rostro de tu Ungido.
Vale más un día en tus atrios
que mil en mi casa.
(Sal 83, 10-11)

Oración colecta
Oh Dios, que has preparado bienes inefables
para los que te aman,
infunde tu amor en nuestros corazones,
para que, amándote en todo y sobre todas las cosas
consigamos alcanzar tus promesas,
que superan todo deseo.
Por nuestro Señor Jesucristo.

Oración sobre las ofrendas
Acepta, Señor, nuestros dones,
en los que se realiza un admirable intercambio,
para que, al ofrecerte lo que tú nos diste,
merezcamos recibirte a ti mismo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Antífona de comunión
Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.
(Sal 129, 7)

O bien:
Yo soy el pan vivo
que ha bajado del cielo -dice el Señor-;
el que coma de este pan,
vivirá para siempre.
(Jn 6, 51)

Oración post-comunión
Señor, después de haber recibido a Cristo
en estos sacramentos,
imploramos de tu misericordia que,
transformados en la tierra a su imagen,
merezcamos participar de su gloria en el cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.