Evangelios

Lunes después de Pentecostés: Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia – Homilías

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Domingo VII de Pascua (C) – Homilías

La temática de este domingo gira en torno a la «Gloria de Jesús» que no es otra que el reencuentro de la humanidad en la unidad. La gloria de Jesús se manifestó en la cruz, en cuyos brazos reconcilió a la humanidad dividida por el odio, la muerte y el pecado. Esta es la gloria que los cristianos estamos llamados a contemplar: la manifestación de una Iglesia, cuerpo de Cristo, unida más allá de sus diferencias y factor de unidad y de amor entre los pueblos.

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Domingo VII Tiempo Ordinario (Ciclo C) – Homilías

Bien visto, muchos cristianos tienen de tales sólo el nombre. Aman a los que los aman a ellos, hacen el bien a quien se lo hace a ellos, prestan cuando esperan sacar alguna ganancia. Y lo malo es que no sólo son fallos de hecho pero repudiados, sino que la misma mentalidad, la manera de pensar, no es evangélica, no es la de Cristo. Y no digamos nada de la sentencia evangélica: «A quien te pide, dale». O del «no juzguéis». Se hace urgente una conversión de los católicos en la mente y en corazón para acercarnos al evangelio del que hemos renegado.

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Lc 6, 17. 20-26 – Las Bienaventuranzas: Discurso inaugural

La santa tristeza deplora el pecado, el ajeno y el propio. Y la amargura no es motivada por la manera de actuar de la justicia divina, sino por la maldad humana. Y, en este sentido, más hay que deplorar la actitud del que obra mal que la situación del que tiene que sufrir por causa del malvado, porque al injusto su malicia le hunde en el castigo; en cambio, al justo su paciencia lo lleva a la gloria.

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Jn 3, 22-30 – Ministerio de Jesús en Judea. Último testimonio de Juan

Pidamos al Señor la gracia de la humildad que tenía Juan y no apropiarnos de los méritos y glorias de los demás. Y sobre todo, la gracia de que en nuestras vidas haya siempre sitio para que Jesús crezca y nosotros disminuyamos, hasta el final.

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Lc 5, 12-16 – Curación de un leproso

Porque no dijo: «Si se lo pides a Dios», ni: «Si haces oración», sino: Si quieres, puedes limpiarme. Tampoco dijo: «Señor, límpiame»; sino que todo lo deja en sus manos, le hace señor de su curación y le reconoce la plenitud de poder. Mas el Señor, que muchas veces habló de sí humildemente y por debajo de lo que a su gloria corresponde, ¿qué dice aquí para confirmar la opinión de quienes contemplaban admirados su autoridad? Quiero: queda limpio. Aun cuando hubiera el Señor realizado ya tantos y tan estupendos milagros, en ninguna parte hallamos una expresión que se le parezca.

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11 de Enero o Viernes después de la Epifanía – Homilías

La Iglesia, en este tiempo de Epifanía, contempla otra nueva manifestación de Cristo, que cura a un leproso y con ello proclama su divinidad. Cristo vino a curarnos, sobre todo de la lepra del pecado. ¡Tanto amó Dios al mundo, tanto me ama a mí!. En el Antiguo Testamento se consignan muchas intervenciones de Dios con su pueblo elegido. En la plenitud de los tiempos, se hace hombre su Hijo Unigénito y aparece personalmente en medio de nosotros. Ya no es difícil poder encontrarle.

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Textos Bíblicos para las Misas de Difuntos y el día 2 de Noviembre

Se muestran en conjunto los textos bíblicos propuestos tanto para la celebración del 2 de Noviembre como para las Misas de Difuntos.

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Mc 10, 35-45 – Petición de los hijos de Zebedeo: el camino para ser los primeros

El criterio de la grandeza y del primado según Dios no es el dominio, sino el servicio; la diaconía es la ley fundamental del discípulo y de la comunidad cristiana, y nos deja entrever algo del «señorío de Dios». Y Jesús indica también el punto de referencia: el Hijo del hombre, que vino para servir; es decir, sintetiza su misión en la categoría del servicio, entendido no en sentido genérico, sino en el sentido concreto de la cruz, del don total de la vida como «rescate», como redención para muchos, y lo indica como condición para seguirlo. No es la lógica del dominio, del poder según los criterios humanos, sino la lógica del inclinarse para lavar los pies, la lógica del servicio, la lógica de la cruz que está en la base de todo ejercicio de la autoridad. En todos los tiempos la Iglesia se ha esforzado por conformarse a esta lógica y por testimoniarla para hacer transparentar el verdadero «señorío de Dios», el del amor.

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Mc 10, 17-30 – El hombre rico y peligro de las riquezas

Se marchó pesaroso, abrumado por las exigencias de una vida, a propósito de la cual había venido a suplicar al Maestro. En realidad, no ambicionaba de verdad la vida, como parecía deducirse de sus palabras; lo único que buscaba es granjearse reputación de buena voluntad: podía ciertamente afanarse por hacer una multitud de cosas, pero era incapaz de hacer aquella única cosa, aquella obra de salvación que debía conducirle a la perfección. Para esta obra era débil e indolente.

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